• Un tebeo y una obra de teatro

    Mis amigos Xavier Àgueda y Marc Caellas tienen dos proyectos en marcha que merecen difusión porque son personas con talento que hacen cosas al margen de los circuitos comerciales.

    Xavi ha autoeditado un cómic, Una amante complaciente (Listo Cómics), que el autor describe así:

    Un pequeña libro con vocación de ser como el 50 sombras de Grey pero más morboso. Casi todo lo que se cuenta en él es verídico, y los galanes que lo protagonizan son casi todos dibujantes de tebeos. De hecho, partí del ladrillo ese que escribí cuando lo del décimo aniversario del Listo y lo fui arreglando y ampliando, añadiendo más y más aventuras hasta que tuve algo digno de estar impreso en 170 páginas de papel ahuesado con una cubierta del color de un pequeño pony.

    Más información y compra vía PayPal a través de su web.

    Marc ha abierto una campaña de crowdfunding para vender entradas anticipadas de su próxima obra de teatro, Guiris Go Home: “música en vivo, artes plásticas y nuevas dramaturgias en un montaje inspirado en el parque temático de Barcelona”. 

    Alguien dijo que “el turismo es la industria que consiste en transportar a gente que estaría mejor en su casa a sitios que estarían mejor sin ellos”.

    El problema es que todos contribuimos a esa industria. Todos nos estamos volviendo demasiado guiris en nuestras vidas. No sabemos quedarnos quietos en ningún lugar. Llegamos, desordenamos la vida de otros y nos largamos. Somos turistas emocionales consumiendo experiencias, agotándolas. 

    Puedes comprar tu entrada en Verkami

  • Por qué oculto los retuits

    De los últimos 10 tuits de mi timeline, solo 4 son de personas a las que sigo, y 6 son retuits de terceros. Es decir, el 60% de los tuits de mi timeline son de personas a las que no sigo, por lo que utilizo la opción de Tweetdeck para ocultar los retuits.

    Si sigo a 443 usuarios no puedo procesar un exceso de información. Hacer clic en retuitear es más sencillo que escribir un tuit. Para el tiempo que tengo en leer prefiero los que han requerido el esfuerzo de pensar y escribir.

    Una solución intermedia pasa por mencionar el tuit de otras personas o interpretar mencionado la fuente original, y hay excepciones en el caso de tuits en los que no sobra una coma. Yo debo haber retuiteado cuatro o cinco en el último año.

    La contradicción es que como gestor de contenidos valoro que mis informaciones tengan difusión y el retuit es maravilloso, por lo que dejémoslo en que deberíamos ser más responsables, en general, con la información que emitimos como medio de comunicación que somos. No abusar de los retuits es fundamental.

  • Enric González

     

    (…) Aunque se criticara a El País, había que comprarlo cuando ocurría algo importante. Yo he visto varios zafarranchos de combate en la redacción, jornadas en las que un tema grandioso merece diez, veinte o treinta páginas, y he quedado atónito ante la potencia de fuego de cientos de periodistas movilizados. Debía ocurrir algo parecido con las tripulaciones de los grandes veleros: ejercían su trabajo bajo unos mandos tiránicos y en condiciones muy duras, pero no era solo la amenza del látigo la que les impulsaba; también contaba, y mucho, la conciencia de su capacidad para ejecutar a la perfección maniobras complejas. ¿Para qué? Eso daba igual. Lo importante era que lo hacían. Que lo hacíamos.

    Memorias líquidas, Enric González (Jot Down Books, 2013)

  • Snowden

     

    “La capacidad para escuchar a escondidas las comunicaciones de la gente confiere un poder inmenso a quienes lo hacen. Y a menos que ese poder esté sometido a una supervisión y una rendición de cuentas rigurosas, casi seguro que servirá para cometer abusos. Esperar que el gobierno de EE.UU. haga funcionar una máquina de vigilancia masiva en completo secreto sin caer en sus tentaciones contradice todos los ejemplos históricos y los datos disponibles sobre la naturaleza humana”.

    Sin un lugar donde esconderse: Edward Snowden, la NSA y el estado de vigilancia de EE.UU, Glenn Greenwald (Ediciones B, 2014)

  • Crónica de una semana en Ibiza

    Ibiza siempre me ha dado miedo. Como amante de la música electrónica más independiente, la imagen de la isla asociada a sonidos comerciales, copas a veinte euros y desfase nunca me ha atraído. Pero Ibiza es parte de nuestra historia y tarde o temprano había que vivirla.

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    Cala Vadella 

     

    Ahora bien, de todas las Ibizas, la de los vips, la fiesta o los hippies, no hemos podido evitar optar por la versión más familiar, es decir, comer, dormir y bañarnos en el mar. Aquí van los highlights de una semana en la que por primera vez en muchos meses hemos desconectado de verdad, que es de lo que se trata:

    Operación libro en Sant Antoni
    Recién llegados el primer objetivo era localizar una librería porque me había olvidado de las lecturas playeras. Así que por cercanía nos dirigimos a Sant Antoni. Horroroso, es una sucursal playera del hooliganismo. Pubs y garitos con rótulos en inglés, uno detrás de otro, como dice mi amigo Sergio, con olor a San Fermín. Nos encontramos una oficina de turismo y entro a preguntar por una librería. La chica que nos atiende alucina: “Bueno, eso igual en Ibiza, pero aquí hay un estanco que también vende libros”. Encuentro dos joyas que me han salvado la semana: Las memorias del cocinero de La Moncloa y la crónica del caso Snowden, del periodista Glenn Greenwald.

    El hippie
    De camino a Cala d’Hort nos encontramos a un peregrino en el camino con bastón haciendo autoestop. Es holandés y nos dice que le llevemos donde está la besuga. Con una g que parece una j le digo que no le entiendo pero que me avise y paro. Lleva un racimo de uva, dice que vive en una cueva y que hay una imagen de Shiva pintada, que si vamos le avisemos. Se llama Mark y le dejamos en un cruce con un container, la dichosa besuga es la basura.

    La familia
    Uno de los motivos por los que acabamos en la isla fue por mi tía-abuela y los primos segundos por parte de padre. Si hemos disfrutado estos días, buena parte se la debemos a ellos, nos ayudaron en todo. Aunque solo habíamos coincidido en un par de ocasiones de ellos, su acogida y la fideuá en familia, es lo mejor que nos llevamos de la isla.

     

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    Con la tía-abuela Victoria, murciana-ibicenca, 75 años. 

     

    Los amigos
    De Barcelona estábamos obligados a saludar a Pat Quinteiro y verla en su entorno como responsable de prensa de clubs, artistas y sellos. Todo energía y simpatía. Quedamos con ella en el Blue Marlin y de paso exploramos el concepto Beach Club, entre botellas de Moet Chandon y cuerpos de anuncio. Nos sentíamos un poco catetos pero lo llevamos con disimulo. Para rematar la jugada, esa tarde pinchaba un Christian Varela que, cada vez más alejado de la electrónica festivalera, dedica sus miércoles a pinchar vinilos de house. El rato que estuvimos dejó caer una buena ristra de clásicos.

    De Ibiza quedamos con Cristina Marí, ibicenca y compañera de aventuras en Pristina donde vive y escribe para Kosovo 2.0. Qué alegría verla en su tierra después de compartir los fríos balcánicos. Nos llevó a su rincón de la Salinera Española, al final de Ses Salines. Su Ibiza es otra, la que pasa desapercibida, más humilde, la de todo el año. Para la próxima nos queda pendiente comer flaó y hacer una excursión en kayak.

    Desde Moscú llegaron Sergio y Olivia, solo coincidimos el último día, de relax en la playa. Su tour operador les dejó tirados y tardaron 20 horas en llegar, y en tres días arrasaron con Amnesia, Space, Destino y la sala VIP de David Guetta en el aeropuerto. Oh yes oh yes, que diría Carl Cox, el mejor eslogan de la noche ibicenca.

    El negocio
    Lo negativo de un entorno paradisiaco en el que se deben generar el máximo de ingresos en tres meses para compensar el resto del año. Un estrés que lo ves en la gente que está trabajando y que lo distingue de otros destinos con menos presión estacional. Ésa es una de las cosas que no me gustó de la isla. La voracidad del vendedor es constante.

    La música
    Aunque no quería ir a un megaclub, no podía pisar Ibiza y no vivir la música, así que nos asomamos a la pre-party de .ENTER, la fiesta de Richie Hawtin, en un beach club de Platja d’en Bossa, que es la playa que aparece en todos los reportajes sobre el desfase de Ibiza. En Bora Bora había un tipo destrozando a Pavarotti sobre el Jaguar de Rolando. Criminal. Por suerte, el clan de Hawtin, con Maceo Plex a la cabeza, inspiradísimo, nos dejó ver lo especial de bailar frente al mar. Y cubierto el cupo de la ibiza fiestera, volvimos al dolce far niente de la hamaca.

     

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    Maceo Plex

     

    La comida
    Ibiza es muy cara, pero al pagar la cuenta de los restaurantes en los que estuvimos nunca lo hicimos a disgusto. Íbamos bien recomendados. Es Boldadò, en Cala d’Hort, con vistas a Es Vedrà y un bullit històrico, el gran descubrimiento de la gastronomía ibicenca: pescado guisado con patatas, cubierto de allioli, y con el jugo de la cocción luego sirven un arroz a banda de escándalo. Me emocioné. En Cala Vadella, el restaurante Maria Lluisa prepara una de las mejores paellas que hemos comido nunca, repetimos tres veces.

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    Es Boldadó

     

    La playa
    Nuestro entorno natural. Esquivamos las medusas de Cala d’Hort, Cala Conta, Santa Eulàlia y Cala Vadella, donde estábamos alojados. A primerísima hora de la mañana, con la playa desierta y el agua transparente… oh déu meu.

    Fotos: Natyra Zhjeqi
  • Un curso de community management: enfoque y conclusiones

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    Siempre he sido receloso de los cursos de community management, tanto como de los posts con diez consejos sobre cualquier cosa relacionada con los blogs y las redes sociales. Cuando leo uno de estos artículos me pregunto si quien escribe realmente trabaja como gestor de comunidades, porque nunca encuentro nada útil para mi trabajo. Casi todo es humo, y enseguida detectas cuando alguien habla desde la experiencia, como en este post que recuerdo de Ámina Pallarès, en el que explicaba cómo gestionar una comunidad de 120.000 personas.

    Decía que no era partidario de los cursos de community management. Primero, porque temo el enfoque de los contenidos. No hace falta estudiar, sino ponerse a trabajar. Y segundo, porque todo lo puede aprender uno mismo en internet, con motivación y práctica. Claro que opino lo mismo del periodismo y otros tantos planes de estudio.

    Cuando se me presentó la oportunidad de dar un curso de community management y con cierto margen de libertad sobre el programa, tuve claro que había que enfocarlo hacia la práctica. De una experiencia reciente en un startup weekend aprendí que los estudiantes deben hacer suyos los retos si quieren aprender. Con una clase magistral se tarda más y se corre el riesgo de aburrir, así que opté por el rol de dinamizador o mentor, antes que el de profesor.

    Con una duración de tres semanas y cinco horas diarias trabajamos en un proyecto colectivo (web + redes sociales), que sirvió para poner en práctica procedimientos y objetivos. Y una vez adquiridos los procesos, uno individual, en el que había que trabajar desde el diseño de la estrategia hasta la ejecución. Como soporte contamos con un manual específico que elaboró Llorenç Roviras, de Contents Editors. También nos visitó Miquel Vidal (en la foto), responsable de comunicación online de la Fundación Barcelona Mobile World Capital, para explicarnos cómo se gestionan las redes en una gran organización.

    De la experiencia extraigo una serie de conclusiones:

    – Ante la duda de quién querría hacer un curso de community management, hay un perfil de usuario, con estudios, licenciaturas y másters, que no ha profundizado en el uso personal o profesional de internet y las comunidades online, y necesita un empujón para entender el escenario digital y sus posibilidades.

    – Más importante que escuchar, aprender, y aplicar, en este trabajo, como en otros, y quizá más evidente para los que venimos de la consultoría, es encontrar soluciones. No importa que no sepas cómo se hace algo, que Facebook cambie sus sistema de páginas, o que nunca hayas hecho una newsletter o montado una tienda online. Busca la solución y hazlo. Cambiar ese chip es más importante que aprender cómo sacar estadísticas de Twitter.

    – El community management no se entiende sin el planteamiento básico de la comunicación. Parece obvio pero muchos proyectos fracasan porque no se ha entendido que hay un emisor, un mensaje y un destinatario específico para cada uno.

    – Las habilidades personales son una virtud y un handicap. Hay quien escribe mejor pero es más flojo en las relaciones públicas, otro es más hábil con el diseño pero le cuesta más plantear estrategias. Como la tarea del community manager implica varios perfiles en uno, es positivo trabajar en grupo para aprender de los demás y compartir tu talento.

    – Y por último, destaco la implicación de los alumnos. Las clases se hicieron en Editrain, escuela de formación que ofrece cursos a personas en paro, y la motivación para aprender y trabajar ha sido muy alta. Me ha sorprendido la calidad de los trabajos que han presentado y la energía que tienen para desarrollarse profesionalmente. En la época en que nos encontramos, es para estar orgulloso.

  • Entrevista a Patricia Almarcegui

    Patricia fue profesora mía en la UIC, enseñaba Pensament en Humanidades. Luego hizo muchas más cosas, y dejó la universidad para escribir. Ha publicado una novela y varios ensayos, lo explica en la entrevista: quiere aprovechar la vida.

    Volvimos a reecontrarnos cuando la invité a venir al Dokufest de Kosovo, sabiendo de su interés por el viaje y el orientalismo. Es un placer escucharla y leerla.

    Oyes la palabra Yugoslavia o los Balcanes y no significan lo mismo que hace veinte años. Nadie repara en ello pero Bagdad ha pasado en ocho años de ser el centro de los deseos de todo el mundo a ser el desastre. Tú dile a alguien ahora Bagdad. ¡Qué horror! Y antes era Sherezade narrando y bailando desnuda en Las mil y una noches. Luego si quieres vas, tampoco es que te aleje, pero te sitúa. Tú me dices, ¿dónde prefieres ir a Kosovo o a Samarcanda?, y ¿qué ocurre? Que en Kosovo me va a parecer mucho más interesante su contemporaneidad que la de Samarcanda.

    En Revistabalcanes.com:

    Patricia Almarcegui en revistabalcanes

  • La marca España desde Kosovo

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    Una de las cosas que más me han llamado la atención desde que vivo en Kosovo es la cantidad de albaneses que están conectados con España de una forma u otra. A menudo explico en círculos de amigos, que de todos los países de Europa, al margen de nuestros vecinos, la conexión entre nuestra forma de vida y la kosovar es mucho mayor que con la alemana, belga, noruega o inglesa. Así lo percibo de mi relación con amigos y familiares en Pristina.

    Además, en casi dos años he conocido a un buen número de personas que hablan español, algunos ni siquiera han estado en España.

    Adnan es secretario general de la Penya del Barça de Kosovo. Después de la guerra aprendió español al trabajar con Médicos del Mundo y se desvive por el barça buscando siempre oportunidades para conectar Barcelona y Pristina.

    Jetmir es uno de los fotógrafos con más talento de Kosovo. Colaboró con nosotros retratando a Pep Bonet para Revista Balcanes y un día que me sugería temas para posibles artículos me explicaba sobre la colaboración entre Maribel Verdú y la videoartista bosnia Sejla Kameric. “Podemos hablar español, si quieres”, me dijo. Lo había aprendido viviendo con colombianos en Alemania.

    Safet es el manager de la incubadora del Centro de Innovación de Kosovo. Coincidimos en el Startup Weekend y colaboramos en varios proyectos. Su castellano es casi perfecto. Después de estudiar seis años en Viena y seis meses en Madrid tiene más amigos españoles que austríacos. Sigue conectado a diario, por la prensa y el Real Madrid.

    Elvi es albanés de Tirana. Nos conocimos a través de Revista Balcanes y solemos quedar cuando viene a Pristina. Fue uno de los primeros estudiantes en la Casa de España en Tirana hace 15 años: “He sido personalmente testigo, cuando trabajaba como traductor, del empeño y la dedicación que los soldados españoles, los miembros de la Cruz Roja y otros voluntarios, ofrecieron a quien más lo necesitaba. Los españoles demostraron su amistad y tendieron su mano, cuando era más necesario”.

    Genta es de Mitrovica, al norte de Kosovo, solo nos conocemos a través de Twitter, y no recuerdo exactamente cómo, solo que sus tuits eran en castellano y sobre el barça. La imagen de fondo de su perfil es un mosaico de Barcelona.

    Enkela es estudiante de Relaciones Internacionales en Pristina. Es su primer año, y su español, el mejor de todos. “Cada día aprendo una palabra, ayer fue hastío”. Su historia es muy curiosa. Se enamoró de España cuando vio una foto de Madrid. Luego descubrió a Malú, la cantante. Y aprendió el idioma ella sola, haciendo amigos a través de Facebook. Es jovencita y se pregunta por su futuro profesional. Le digo que con su nivel de español y sus estudios en política, no hay duda de que encontrará trabajo relacionado con la diplomacia.

    Eni y Emine vivían en Bruselas y después de visitar Barcelona, se mudaron sin dudarlo. Saben alemán, holandés, inglés y albanés, así que no les fue complicado encontrar trabajo en una empresa que gestiona servicios para mercados europeos. Con una niña de dos años, preferían España antes que Alemania o Bélgica, de donde son ciudadanos.

    Shpend es de Peja, al noroeste de Kosovo, y se casó con una cooperante catalana. Es dibujante de cómics y su tío luchó en la batalla del Ebro. Le gustaría dibujar su historia. A veces quedamos en Gràcia, o en el paseo Madre Teresa de Pristina.

    De todos ellos, a parte de los que viven, solo dos nos han visitado. Si un kosovar solicita un visado Schengen, solo España y Grecia no les dejan entrar y deben pedir uno específico. Para España es casi imposible desde hace más de un año. Es una frustración para ellos, pero lo asumen. Saben que es una cuestión política y poco pueden hacer, ni ellos, ni nosotros. La marca España es oficialmente “una política de Estado”. Yo diría que es mucho más, pese al Estado.

  • De no tener móvil a la adicción al smartphone

    When your phone’s at 1% battery (Rudy Mancuso)

    Este fin de semana conocí a un chico en Pristina (Kosovo) que no tenía móvil por decisión propia. No nos conocíamos, él venía en bus desde Tirana (Albania) y quedamos a una hora en el centro. Bien. Luego fuimos a comer y él tuvo que irse en plena sobremesa con su anfitrión porque si no, no tendría forma de localizarlo más tarde y llegar a su casa. Así que quedé con él para el día siguiente en el mismo sitio y hora. Él chico era muy majo, de Granada, recién licenciado en políticas y de voluntariado en Albania. Me decía que era muy feliz sin móvil, que sabía donde vivían sus amigos y que no lo necesitaba. Luego me pidió el móvil para llamar a su anfitrión y coordinarse con él. Y sus horarios y movimientos siempre tenían que estar pactados de antemano para no quedarse colgado. Teniendo en cuenta el amplio margen para la improvisación que requiere el viaje, y en concreto en los Balcanes, no me pareció una solución cómoda en absoluto.

    Hace unas semanas se compartió en Facebook un vídeo sobre el mal uso que damos a los smartphones y cómo perdemos comunicación presencial.

    El vídeo es tendencioso y paródico. Podríamos usar las mismas técnicas para conseguir el efecto contrario y adorar los smartphone por salvarnos la vida. Pero todos nos hemos encontrado en situaciones similares, de las que somos protagonistas o víctimas.

    Jorge Carrión, escritor (Teleshakespeare, Librerías), compartía esta reflexión en su muro de Facebook:

    El problema del mundo digital son las “actualizaciones”. Por eso no tengo internet en el teléfono móvil, porque las quiero ver acumuladas (8 nuevos e-mails, 13 interacciones en FB, 5 en Twitter), en intervalos de tiempo razonables, y no como pitidos en el bolsillo de un test Course-Navette. Quiero poder decidir cuándo estoy y no “conectado”. Quiero poder leer o pensar en paz. Las “actualizaciones” son el ritmo del estrés contemporáneo. Pero también dependemos de ellas, las deseamos, significa que estamos comunicados, que no se han olvidado de nosotros. Son droga. Necesaria adicción.

    Y justo hoy ha vuelto sobre el tema:

    A la figura antigua del hombre que se retira al desierto y a la figura moderna del que se retira a la cabaña, se le suma ahora la de quien abandona las redes sociales. Es un gesto muy parecido. La supuesta autenticidad ya no está en la naturaleza, sino simplemente en el mundo físico. Eso me ha hecho recordar que entre 2003 y 2005, mientras viajaba por América Latina, los Estados Unidos y China, no tuve teléfono móvil y casi nunca consultaba mi email más de una vez al día. Pero no era más feliz y espero no idealizarlo nunca.

    En mi caso, tengo acceso 3G en España pero en Kosovo solo en casa y donde haya wifi. Todas las notificaciones las tengo desactivadas, no quiero que me interrumpan lo que estoy haciendo con un email, un tuit o un mensaje de Facebook. Solo Whatsapp, para comunicarme con la familia y varios amigos. Los grupos grandes, como el que tenemos los españoles en Kosovo, lo tengo silenciado, y una o dos veces al día entro para hacer una lectura rápida.

    No consulto el email en el móvil, salvo si espero algo urgente que no pueda esperar dos horas. Y no suelo acceder a Facebook o Twitter. Solo para compartir alguna foto. Prefiero gestionar esos tiempos desde el ordenador.

    Sí estoy enganchado a Instagram y Vine. Suelo entrar a primera y última hora del día. Pero no más de diez minutos. La dependencia de las actualizaciones que comenta Carrión, se reduce prácticamente a la gestión de páginas profesionales. Y no quiero ese estrés. Suficientes horas me paso al día frente al ordenador como para no desconectar cuando camino, hablo o como.

    Mis otros usos imprescindibles del smartphone:

    Radio: Cadena Ser, TuneIn.
    Trabajo: iTalk, para grabar entrevistas, y Notas, para apuntes breves sin cuaderno.
    Viajes: Google Maps, TomTom, apps de compañías aéreas, cuando viajo con ellas, o Passbook para tarjetas de embarque; y Hailo, para pedir taxis en Barcelona.
    Ocasionalmente: Soundhound, Genius Scan, IMDB, MetaPeso, y Runtastic.
    En el iPad: Rtve.es, Mitele, Atresplayer, el reproductor de vídeos, y juegos para cuando estoy con niños (en Pristina tengo siete sobrinos políticos).

    Si me dejo otras aplicaciones, es porque no las uso lo suficiente. No me considero adicto, pero no podría prescindir de la cámara de fotos, la radio y Whatsapp… ¿Y en tu caso?

  • La idea de una revista digital desde los Balcanes

    Portada revista balcanes

    Desde hace algo más de dos años vivo entre Pristina y Barcelona. Mi mujer es de Kosovo así que la vida me ha llevado a un rincón de Europa que jamás hubiera imaginado.

    La mayoría de amigos y familiares se sorprendían. Kosovo era, y sigue siendo, la última guerra de Europa. Paraíso de la mafia y cuantos delitos puedan imaginarse. Como decía Llorenç Roviras, “si alguien te habla de una banda de albanokosovares, no piensas en un grupo de rock”.

    El siguiente tema recurrente es el no reconocimiento de España a Kosovo como país. Kosovo se declaró independiente de Serbia en 2008, y en seguida contó con el reconocimiento de la mayoría de países de la UE y EEUU. Pero no de España. El motivo, político. Una autodeclaración de independencia no podía ser respaldada por España, para no alentar deseos en Cataluña y el País Vasco.

    En mi opinión, todavía en movimiento por la complejidad del asunto, España debería haber reconocido Kosovo, porque es un caso único, incomparable al del secesionismo peninsular. Pero mantengo mis dudas sobre si Kosovo hizo lo correcto con su autodeclaración independiente. La UE y EEUU así lo querían, pero en la práctica su evolución como nuevo estado está siendo muy difícil. La dependencia de los reconocimientos internacionales está condicionando su crecimiento económico, es el país más pobre de Europa, y sus ciudadanos, que no pintan nada en el debate diplomático, sufren las consecuencias en el día a día (paro elevado, sueldos bajísimos, limitación de movimiento, etc.).

    En mi caso tiendo, o al menos lo intento, a ser neutral y abrir la perspectiva. Quiero entender a España, a Serbia, y a Kosovo. El encaje es complicado y todos tienen su parte de razón. Como no soy político, mis esfuerzos no se centran en debatir, proponer o encontrar soluciones. Pero sirva esta introducción para situar el contexto del que partimos.

    Lo que de verdad me interesa es explicar historias. He descubierto una región apasionante que en España es desconocida. Más allá del turismo de Dubrovnik, los Balcanes siguen siendo la guerra. Los medios siguen recordando una y otra vez el conflicto, y el imaginario colectivo se ha quedado estancado.

    En la página de Facebook de Balkanidades, “el sitio para disfrutar, compartir y comentar las balkanidades del mundo mundial”, citaban varias definiciones del Diccionario de la RAE:

    Americanizar: Dar carácter americano.
    Españolizar: Dar carácter español.
    Castellanizar: Dar carácter castellano.
    Catalanizar: Dar carácter catalán.
    Balcanizar: Desmembrar un país en territorios o comunidades enfrentadas.

    En Twitter tengo una búsqueda permanente de Balcanes y más de la mitad de las referencias son bélicas o sinónimo de conflicto.

    Y es verdad, los países se rompen, y sigue habiendo comunidades enfrentadas, pero hay mucho más, muchísimo más. Y esas historias no llegan. Hay cultura, conocimiento, música, viajes, personas… Que deben ser compartidas porque aportan valor y no tienen espacio en otras publicaciones, acercando al lector en español una imagen más completa de la habitual. Ésa es la idea detrás de la Revista Balcanes. Aquí se explica en un artículo de Kosovo 2.0 (en inglés).

    Para lo malo y para lo bueno:

    La trampa balcánica, Francisco Veiga (Grijalbo, 1994)

    En próximos posts explicaré más detalles del proyecto, como el plan de contenidos, el uso de los medios sociales y detalles más técnicos.