De no tener móvil a la adicción al smartphone

When your phone’s at 1% battery (Rudy Mancuso)

Este fin de semana conocí a un chico en Pristina (Kosovo) que no tenía móvil por decisión propia. No nos conocíamos, él venía en bus desde Tirana (Albania) y quedamos a una hora en el centro. Bien. Luego fuimos a comer y él tuvo que irse en plena sobremesa con su anfitrión porque si no, no tendría forma de localizarlo más tarde y llegar a su casa. Así que quedé con él para el día siguiente en el mismo sitio y hora. Él chico era muy majo, de Granada, recién licenciado en políticas y de voluntariado en Albania. Me decía que era muy feliz sin móvil, que sabía donde vivían sus amigos y que no lo necesitaba. Luego me pidió el móvil para llamar a su anfitrión y coordinarse con él. Y sus horarios y movimientos siempre tenían que estar pactados de antemano para no quedarse colgado. Teniendo en cuenta el amplio margen para la improvisación que requiere el viaje, y en concreto en los Balcanes, no me pareció una solución cómoda en absoluto.

Hace unas semanas se compartió en Facebook un vídeo sobre el mal uso que damos a los smartphones y cómo perdemos comunicación presencial.

El vídeo es tendencioso y paródico. Podríamos usar las mismas técnicas para conseguir el efecto contrario y adorar los smartphone por salvarnos la vida. Pero todos nos hemos encontrado en situaciones similares, de las que somos protagonistas o víctimas.

Jorge Carrión, escritor (Teleshakespeare, Librerías), compartía esta reflexión en su muro de Facebook:

El problema del mundo digital son las “actualizaciones”. Por eso no tengo internet en el teléfono móvil, porque las quiero ver acumuladas (8 nuevos e-mails, 13 interacciones en FB, 5 en Twitter), en intervalos de tiempo razonables, y no como pitidos en el bolsillo de un test Course-Navette. Quiero poder decidir cuándo estoy y no “conectado”. Quiero poder leer o pensar en paz. Las “actualizaciones” son el ritmo del estrés contemporáneo. Pero también dependemos de ellas, las deseamos, significa que estamos comunicados, que no se han olvidado de nosotros. Son droga. Necesaria adicción.

Y justo hoy ha vuelto sobre el tema:

A la figura antigua del hombre que se retira al desierto y a la figura moderna del que se retira a la cabaña, se le suma ahora la de quien abandona las redes sociales. Es un gesto muy parecido. La supuesta autenticidad ya no está en la naturaleza, sino simplemente en el mundo físico. Eso me ha hecho recordar que entre 2003 y 2005, mientras viajaba por América Latina, los Estados Unidos y China, no tuve teléfono móvil y casi nunca consultaba mi email más de una vez al día. Pero no era más feliz y espero no idealizarlo nunca.

En mi caso, tengo acceso 3G en España pero en Kosovo solo en casa y donde haya wifi. Todas las notificaciones las tengo desactivadas, no quiero que me interrumpan lo que estoy haciendo con un email, un tuit o un mensaje de Facebook. Solo Whatsapp, para comunicarme con la familia y varios amigos. Los grupos grandes, como el que tenemos los españoles en Kosovo, lo tengo silenciado, y una o dos veces al día entro para hacer una lectura rápida.

No consulto el email en el móvil, salvo si espero algo urgente que no pueda esperar dos horas. Y no suelo acceder a Facebook o Twitter. Solo para compartir alguna foto. Prefiero gestionar esos tiempos desde el ordenador.

Sí estoy enganchado a Instagram y Vine. Suelo entrar a primera y última hora del día. Pero no más de diez minutos. La dependencia de las actualizaciones que comenta Carrión, se reduce prácticamente a la gestión de páginas profesionales. Y no quiero ese estrés. Suficientes horas me paso al día frente al ordenador como para no desconectar cuando camino, hablo o como.

Mis otros usos imprescindibles del smartphone:

Radio: Cadena Ser, TuneIn.
Trabajo: iTalk, para grabar entrevistas, y Notas, para apuntes breves sin cuaderno.
Viajes: Google Maps, TomTom, apps de compañías aéreas, cuando viajo con ellas, o Passbook para tarjetas de embarque; y Hailo, para pedir taxis en Barcelona.
Ocasionalmente: Soundhound, Genius Scan, IMDB, MetaPeso, y Runtastic.
En el iPad: Rtve.es, Mitele, Atresplayer, el reproductor de vídeos, y juegos para cuando estoy con niños (en Pristina tengo siete sobrinos políticos).

Si me dejo otras aplicaciones, es porque no las uso lo suficiente. No me considero adicto, pero no podría prescindir de la cámara de fotos, la radio y Whatsapp… ¿Y en tu caso?

¿Qué opinas?