La marca España desde Kosovo

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Una de las cosas que más me han llamado la atención desde que vivo en Kosovo es la cantidad de albaneses que están conectados con España de una forma u otra. A menudo explico en círculos de amigos, que de todos los países de Europa, al margen de nuestros vecinos, la conexión entre nuestra forma de vida y la kosovar es mucho mayor que con la alemana, belga, noruega o inglesa. Así lo percibo de mi relación con amigos y familiares en Pristina.

Además, en casi dos años he conocido a un buen número de personas que hablan español, algunos ni siquiera han estado en España.

Adnan es secretario general de la Penya del Barça de Kosovo. Después de la guerra aprendió español al trabajar con Médicos del Mundo y se desvive por el barça buscando siempre oportunidades para conectar Barcelona y Pristina.

Jetmir es uno de los fotógrafos con más talento de Kosovo. Colaboró con nosotros retratando a Pep Bonet para Revista Balcanes y un día que me sugería temas para posibles artículos me explicaba sobre la colaboración entre Maribel Verdú y la videoartista bosnia Sejla Kameric. “Podemos hablar español, si quieres”, me dijo. Lo había aprendido viviendo con colombianos en Alemania.

Safet es el manager de la incubadora del Centro de Innovación de Kosovo. Coincidimos en el Startup Weekend y colaboramos en varios proyectos. Su castellano es casi perfecto. Después de estudiar seis años en Viena y seis meses en Madrid tiene más amigos españoles que austríacos. Sigue conectado a diario, por la prensa y el Real Madrid.

Elvi es albanés de Tirana. Nos conocimos a través de Revista Balcanes y solemos quedar cuando viene a Pristina. Fue uno de los primeros estudiantes en la Casa de España en Tirana hace 15 años: “He sido personalmente testigo, cuando trabajaba como traductor, del empeño y la dedicación que los soldados españoles, los miembros de la Cruz Roja y otros voluntarios, ofrecieron a quien más lo necesitaba. Los españoles demostraron su amistad y tendieron su mano, cuando era más necesario”.

Genta es de Mitrovica, al norte de Kosovo, solo nos conocemos a través de Twitter, y no recuerdo exactamente cómo, solo que sus tuits eran en castellano y sobre el barça. La imagen de fondo de su perfil es un mosaico de Barcelona.

Enkela es estudiante de Relaciones Internacionales en Pristina. Es su primer año, y su español, el mejor de todos. “Cada día aprendo una palabra, ayer fue hastío”. Su historia es muy curiosa. Se enamoró de España cuando vio una foto de Madrid. Luego descubrió a Malú, la cantante. Y aprendió el idioma ella sola, haciendo amigos a través de Facebook. Es jovencita y se pregunta por su futuro profesional. Le digo que con su nivel de español y sus estudios en política, no hay duda de que encontrará trabajo relacionado con la diplomacia.

Eni y Emine vivían en Bruselas y después de visitar Barcelona, se mudaron sin dudarlo. Saben alemán, holandés, inglés y albanés, así que no les fue complicado encontrar trabajo en una empresa que gestiona servicios para mercados europeos. Con una niña de dos años, preferían España antes que Alemania o Bélgica, de donde son ciudadanos.

Shpend es de Peja, al noroeste de Kosovo, y se casó con una cooperante catalana. Es dibujante de cómics y su tío luchó en la batalla del Ebro. Le gustaría dibujar su historia. A veces quedamos en Gràcia, o en el paseo Madre Teresa de Pristina.

De todos ellos, a parte de los que viven, solo dos nos han visitado. Si un kosovar solicita un visado Schengen, solo España y Grecia no les dejan entrar y deben pedir uno específico. Para España es casi imposible desde hace más de un año. Es una frustración para ellos, pero lo asumen. Saben que es una cuestión política y poco pueden hacer, ni ellos, ni nosotros. La marca España es oficialmente “una política de Estado”. Yo diría que es mucho más, pese al Estado.

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